En el año 1957, una perrita vagabundeaba por las
calles de Moscú. Le pusieron de nombre Laika; este
nombre proviene del ruso lajat, que quiere decir 'ladrar'.
Luego de una rigurosa selección entre varios perros
callejeros ingresó al proyecto espacial soviético.
Era de mediano tamaño, fuerte, con la cabeza en
forma de cuña, orejas verticales, ojos oblicuos,
y su colita estaba anillada sobre la grupa. Pesaba menos
de 5 kgrs.
En aquel año
de 1957, el mundo asistía asombrado el 4 de octubre,
al lanzamiento por parte de la Unión de Repúblicas
Socialistas Soviéticas, del primer satélite
artificial de la historia de la Humanidad. El Sputnik
1. Tenía 83 kgrs. de masa, y logró llegar
a la órbita terrestre, ante el estupor de los Estados
Unidos de Norteamérica que no habían logrado
elevar su Vanguard, su primer satélite artificial,
de sólo 1.470 grs. de masa. Comenzaba la Carrera
Espacial.
Ante el éxito
del lanzamiento del primer Spuknit, un equipo de técnicos
soviéticos, deciden el lanzamiento de un nuevo
satélite artificial, el Sputnik 2. Pero a diferencia
del primero, éste iría tripulado. El Spuknit
2. Tenía 508,3 kgrs. de masa, y dentro de él,
iría Laika. Fue adiestrada tiempo antes y tratada
cuidadosamente antes de introducirla a la nave con una
solución de alcohol y peinada. Las áreas
de su cuerpo donde se colocaron los electrodos fueron
pintadas con yodo.
La metieron en una especie
de maleta espacial para introducirla en el Spuknit 2,
que se iba a lanzar desde el cosmódromo de Tyuratam-Baïkonour,
en la URSS
Laika, no entendía nada de lo que le estaba pasando.
Asustada, miraba a su alrededor, ese habitáculo
no se parecía a nada que hubiera visto nunca, pero,
a pesar de todo, Laika sonreía. Le llenaron todo
su cuerpecito de cables, para saber desde la Tierra, como
estaban sus constantes vitales, cuando ella estuviera
ya navegando por el espacio.
Cuando ya estuvo preparada, la metieron en el Sputnik
2
El 3 de noviembre de
1957, a las 22:28 hora local de Moscú, el Spuknit
2, era lanzado al espacio con nuestra perrita Laika, un
equipo de radio y un medidor de rayos cósmicos.
Desde el control en Tierra, después del lanzamiento,
escucharon a Laika ladrar, y percibieron los latidos de
su corazón.
Laika no volvería
ya más al planeta azul que la vio nacer. Al séptimo
día de su viaje espacial, nuestra perrita tenía
preparado en su comida, una dosis de veneno para acabar
con su vida, y así evitarle el sufrimiento de morir
abrasada cuando el Sputnik 2, reentrara en la atmósfera,
cosa que sucedió el 14 de abril de 1958, en las
Antillas.
Con el tiempo la realidad
a demostrado, que el primer ser vivo que viajó
oficialmente al espacio no vivió alegremente una
semana dando vueltas sobre la Tierra. Según informa
la BBC, la vida de Laika dentro de la nave duró
solo unas horas.
Los oficiales soviéticos
dijeron que el viaje había sido todo un éxito,
y que recibieron las señales vitales de la perra
hasta casi una semana después del lanzamiento.
Sin embargo, no se conoce cuánto tiempo estuvo
viva, y existen varias versiones sobre su final, algunas
de ellas un poco crueles. Hay historias que cuentan que
se soltaron intencionalmente gases en la cabina para que
muriera sin dolor, y hay quienes relatan que murió
por asfixia al acabarse el oxígeno. Las pruebas
hechas públicas por Dimitri Malashenkov, director
del Instituto de Problemas Biológicos de Moscú,
revelan que Laika murió apenas siete horas después
del despegue debido a las elevadísimas temperaturas
que se alcanzaron dentro de la nave y los sistemas biométricos
instalados detectaron que su corazón latía
tres veces más deprisa de lo normal, provocado
por el pánico del animal.
A pesar de que los responsables del programa espacial
ruso declararon horas después del lanzamiento del
Sputnik que nunca se contó con que la nave y su
pasajero pudieran regresar a la Tierra, durante años
se ha jugado con la posibilidad de que la pequeña
perra viviera durante días en el espacio sin mayores
problemas.
El ataúd de Laika,
el mismo cohete que la sacó de la Tierra, dio un
total de 2.570 vueltas a la Tierra antes de desintegrarse,
el 4 de abril de 1958.
Entre noviembre de 1957
y marzo de 1966, se efectuaron por lo menos trece lanzamientos
tripulados. Finalmente se logró una recuperación
segura de los pasajeros caninos, como fue el caso de las
perras Belka y Strelka, puestas en órbita a bordo
del Sputnik 5 y recuperadas vivas al día siguiente,
después de haber realizado 18 órbitas alrededor
de la Tierra.
De cualquier modo en los restantes viajes murieron un
total de cinco perros.
Laika murió en
beneficio de la ciencia y de la Humanidad, sin que le
pidieran permiso. No podemos dejar de destacar cuanto
brindó esta perra para que el "Hombre avance
en el objetivo de la conquista del espacio". En Ciudad
de la Estrella, hay un monumento que conmemora los cosmonautas
rusos que dieron su vida en la carrera espacial. Allí
también existe una imagen que recuerda a la inolvidable
Laika, ya ésta conmocionó a la humanidad
“En la tierra hay una perra menos y en el cielo
una estrella más.......” como dice su leyenda.