Por el auge de los animales
de defensa
Aumentan los casos graves de chicos
mordidos por perros
Hay un 10% más de ataques por año
El mejor amigo del hombre
es hoy protagonista de estadísticas que inquietan
a los médicos especialistas en trauma pediátrico:
“Los casos de chicos víctimas de mordeduras
graves de perro atendidos en el hospital aumentan a razón
de un 10% cada año”, dijo a LA NACION el
doctor Jorge Fiorentino, jefe del Departamento de Urgencias
del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez
.
Pero lo que preocupa
a los médicos es no sólo el número
de mordeduras severas , es decir, aquellas que además
de tratamientos antibiótico y antirrábico
requieren cirugía e internación. “Comprobamos
que las mordeduras son cada vez más graves: tienen
mayor profundidad y causan mayores desgarros en los tejidos”,
señaló Fiorentino.
Para el especialista,
esa tendencia se debe a que “la gente se inclina
cada vez más a tener perros de mayor porte, a los
que adopta por cuestiones de seguridad. Esto lleva a la
adquisición de razas conocidas como “peligrosas”,
como el ovejero alemán, el dogo argentino, el fila
brasileño, el mastín napolitano, el doberman,
el pitbull terrier o el rottweiller, que pueden presentar
riesgos para las personas, sobre todo para los chicos,
cuando carecen de un entrenamiento profesional”.
Fiorentino y sus colegas,
los doctores Fernando Huaier y Ana Besada, analizaron
más de 60 casos de mordeduras graves atendidas
en el Hospital de Niños. El trabajo de investigación,
cuyos resultados fueron presentados en el Congreso Argentino
de Medicina y Cirugía del Trauma, arrojó
datos inquietantes, como que la mayoría de los
chicos con mordeduras graves fue atacada por el perro
de la familia.
El juguete rabioso
"En más
del 50% de los casos, el perro que muerde a un chico pertenece
a la familia", comentó el doctor Fiorentino.
Aunque generalmente se piensa en el perro callejero como
protagonista de ataques a menores, agregó el experto
en trauma pediátrico, "éste es el que
menos muerde, porque no tiene territorio ni jauría
que defender".
Justamente, muchos de
estos hechos de violencia están relacionados con
una violación del territorio que el perro reconoce
como propio; casos en los que los ataques se produjeron
cuando los chicos invadían el lugar donde los perros
comían, por ejemplo, o también cuando las
vulneradas eran las reglas sociales que rigen a estos
animales.
"En el sistema
social canino, los perros no son agresivos con los integrantes
de la jauría que se encuentran debajo de su jerarquía,
como lo son los cachorros o los bebés -puede leerse
en las conclusiones del estudio en cuestión-. Pero
cuando alcanza la edad escolar, el chico asciende en su
dominio y el perro puede sentir en algunos juegos que
está midiendo fuerzas con él."
El análisis de
los casos de mordeduras graves atendidas en el Hospital
de Niños revela que la mayoría de los ataques
se da en chicos de 4 a 7 años. A esa edad, apuntó
Fiorentino, "los chicos piensan que el perro es un
juguete: le tiran de la cola, de las orejas, le sacan
los juguetes, lo tratan de arrastrar para llevarlo a jugar
a otra parte, hasta que un día el perro se defiende
y ataca".
Las estadísticas
internacionales señalan que en más del 40%
de los casos de mordeduras caninas los niños son
atacados tras molestar al animal. "Es fundamental
hacerles entender a los chicos que el perro no es un juguete,
que es un animal", dijo el experto en trauma pediátrico.
Tenencia responsable
Aunque las estadísticas
elaboradas por el Departamento de Urgencias del Hospital
de Niños colocan al can de raza indefinida, al
mestizo, en el primer puesto del ranking de mordeduras
graves, el doctor Fiorentino señaló que
el orden en el que aparecen las razas responde en gran
medida a su diseminación en los hogares argentinos.
"Un caso especial
es el siberiano, que posee una característica especial:
no ladra o, en otras palabras, no presenta habitualmente
ningún aviso previo a la mordida -dijo el entrevistado-.
Para un chico esto es una señal de que el perro
es manso; entonces se acerca cada día un poquito
más, lo molesta, lo invade, hasta que lo muerde."
Por otro lado, la presencia
de perros de gran porte en el ranking de grandes mordedores
se justifica por una obviedad: cuando un perro grande
muerde a un chico, la herida resultante está en
directa proporción con la potencia de las mandíbulas.
Un dato: la presión de la mandíbula de un
perro adulto supera los 30 kilos por centímetro
cuadrado.
En cuanto a los perros
chicos que figuran en el ranking, como el pekinés,
"es indudable su carácter irascible y su mordida
instintiva ante la menor provocación".
Sin embargo, "la
idea no es que las familias con chicos no tengan perro,
ya que es una fuente inagotable de afecto para los pequeños,
sino en todo caso fomentar una tenencia responsable por
parte de los mayores", concluyó Fiorentino,
que recordó que el célebre pediatra Florencio
Escardó no dudaba en darles a los padres de hijos
únicos o con problemas emocionales una singular
receta.
"Un perro."
Por Sebastián
A. Ríos
De la Redacción de LA NACION
Por
tener en cuenta
Razas: no existen razas
de perros buenos o malos, sino animales con su propio
temperamento. Aunque algunos especialistas sostienen que
algunas razas son inherentemente agresivas, en definitiva
el peligro no surge de los animales, sino de la tenencia
irresponsable de sus dueños.
Familia: en una familia
con niños no se debe elegir un perro de temperamento
agresivo. En el mismo criadero pueden dar una idea del
temperamento del cachorro y sus padres.
Chicos: es fundamental
controlar de cerca la interacción entre niños
y perros. Jamás permita que su hijo se acerque
a un perro encadenado, atado o detrás de una reja.
Madurez: enseñe
a su hijo a no quitarle los juguetes ni la comida al perro,
así como a no maltratar a los animales. Antes de
comprarle una mascota, evalúe si ha alcanzado la
madurez y la habilidad suficientes como para cuidarla.
Confinamiento: evite
confinar a su perro en lugares muy reducidos, permaneciendo
atado.
Ataque: siempre que
un perro ataca a un niño, éste debe ser
llevado de inmediato a la guardia de un centro médico,
ya que toda herida, por más leve que sea, puede
causar serias infecciones o incluso rabia. Es importante
tratar de recabar toda la información posible sobre
el animal (vacunación antirrábica, principalmente).
La Nacion - Argentina
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