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Las iguanas que se venden en Uruguay vienen de Estados Unidos

Clima depredador
¿Mate de mono?
Loros, de Carrasco a Rusia

POR VALENTÍN TRUJILLO


Domingo al mediodía. 18 de Julio, entre Gaboto y Tristán Narvaja. La vereda norte está invadida de feriantes que ofrecen animales, exóticos y nativos, transformando la cuadra en un verdadero cambalache de fauna. Desde pequeños pececitos de colores (Lebistes venezolanos, Carassius de la China) que nadan en apretados cardúmenes, a axolotes (la forma larvaria de la salamandra) con forma de cuchillo que nos contemplan con ojos cómplices (¡sí, como el del cuento de Julio Cortázar!). Hay lagartos overos en terrarios improvisados, tortuguitas de agua auriverdes, culebras del maíz de origen norteamericano, loritas aus tra lianas, cardenales, jerbos (ratones), cuices, distintos tipos de faisanes y hasta pavos reales .

Una pareja discute la dieta de su araña: parece que desde hace tres meses sólo come cucarachas, por lo tanto sus dueños deciden comprarle sofobas, una especie de cienpiés de color beige que no deja de retorcerse. El hombre que atiende el puesto coloca los gusanos vivos en una bolsita de nylon y se los entrega a sus clientes. Llega una mamá con dos nenas, eligen una tortuga y se la llevan. El dueño del puesto saca otro ejemplar de un balde que está en la cajuela de un Citröen Visa estacionado al lado. Las condiciones de higiene son dudosas y el respeto a la normativa vigente es ficticio.

99% ilegal. Para regular las actividades de caza, tenencia y comercialización de animales existe un marco legal dispuesto por la Dirección de Recursos Naturales del Ministerio Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP). Los vendedores deben tener una guía de tránsito de animales y deben registrarse en la división Fauna del propio MGAP. Las infracciones están contempladas por el artículo 285 de la ley 16.736 (sancionado en la Ley de Presupuesto 1996). Las multas allí especificadas van desde las 10 UR a las 2000 UR. De cualquier forma, las infracciones que involucran animales no constituyen una figura penal.

El artículo Nº 273 es el que rige sobre el registro de animales que ingresan al país. Además, nuestro país es miembro de la Convención Internacional CITES para la preservación de la fauna en el mundo, y los parámetros de dicha convención son los vigentes en el territorio nacional.

Consultado sobre la fiscalización de la actividad, el Dr. Marcel Calvar, director de la Dirección de Recursos Naturales, afirma que es la división Fauna la encargada de llevar adelante los procedimientos. Si bien los inspectores no son muchos (6 en Montevideo, 2 en el norte del país), el Ministerio del Interior tiene todas las potestades para actuar. “De hecho, en varias inspecciones que hemos realizado en (la feria de) Tristán Narvaja hemos tenido el apoyo de coraceros. Pero en otras ocasiones la Policía desconoce esta potestad y no actúa”, expresa Calvar.

En cuanto a las cifras, el jerarca es contundente: “Salvo honrosas excepciones, lo que cunde es la informalidad. Me animaría a decir que un 99 % de las ventas de animales está en infracción”, asegura. Calvar reconoce que los procedimientos en lugares públicos, como las ferias, se vuelven dificultosos, violentos, y no siempre son efectivos, porque los vendedores levantan campamentos y a la semana siguiente están allí de nuevo.

Por ejemplo, en cuanto a pájaros, las únicas especies que se pueden comercializar sin ningún permiso son cotorras, gorriones, palomas de plaza y tordos o garibaldinos (conocidos por los arroceros como “pájaro negro”). Los cardenales, tanto los de copete colorado como los codiciados amarillos, que se encuentran en las ferias, están protegidos y su venta es ilegal.

Zoológico invisible. El contrabando de animales en el Uruguay no sólo campea, sino que puede llegar a ser una actividad altamente lucrativa (ver recuadro). Según Calvar, el puerto de Montevideo y el aeropuerto de Carrasco son las dos grandes bocas de entrada. Allí no hay demasiados controles, y los animales pequeños pueden ser fácilmente escondidos. Desde pichones de aves hasta algunos pequeños monos entran sin ser controlados e ingresan al mercado con rapidez. “En el caso de los monos, esto es muy peligroso, por la cantidad de enfermedades que son capaces de transmitir: hepatitis, tuberculosis y enfermedades endémicas que no tenemos en nuestro continente”, dice Calvar.

En cuanto a peces, el acuarista Diego Pena reconoce que en ese sector específico también es alto el porcentaje de ejemplares contrabandeados. Lo que ha sucedido con los años es que muchas especies exóticas han sido introducidas (por ejemplo, los Carassius, oriundos de China) y se han criado en el país. De todas maneras, deben registrarase los criaderos y seguir los procedimientos que exige tanto la Dirección de Fauna como Sanidad Animal.

Rifle abierto a las plagas. El MGAP posee una lista de especies consideradas plagas, cuya caza puede ser indiscriminada en cualquier época del año. Esta lista incluye la cotorra, el jabalí y la víbora coral. Además, se pueden cazar palomas, gorriones y garibaldinos (conocido por los arroceros como “pájaro negro”). Pero la inclusión de la coral en esta lista es polémica, y muchos criadores de reptiles no están de acuerdo con la decisión. Si bien es una especie venenosa mortal para el hombre –posee un veneno que necesita para realizar la digestión–, las pequeñísimas dimensiones de su mandíbula hacen que la mordedura sea prácticamente imposible. Hasta la fecha no existe ni un solo registro de fallecidos en el país por el ataque de una coral.

Pasión reptil. Felipe Cantera es el dueño del criadero de reptiles Aqvaterra, ubicado en Salinas (Canelones) y respeta todas las normas. Entre las especies exóticas que cría se destacan las pitón de Nueva Guinea, de Australia, del Congo, de la India y la verde arborícola (Indonesia). También tiene boas de Brasil, de Colombia y de Perú. (entre ellas, una pitón de 5 m de largo y 83 kilos de peso). Todos estos ejemplares nacieron en cautiverio, y a su vez son hijos de padres nacidos en cautiverio. Cantera trajo esos animales de Suecia, donde vivió.

En cuanto a los nimales autóctonos, Aqvaterra ofrece diferentes especies de lagartos, víboras yaras, cruceras y corales. También se crían allí arañas pollito. En cuanto al manejo de estos arácnidos, para Cantera es importante remarcar la alergia que provocan sus pelos, el único medio de defensa que poseen, ya que no son venenosas. “Los vendedores ambulantes pocas veces conocen estos efectos, y si lo saben, no lo dicen”, afirmó Cantera. “En Uruguay no tenemos una cultura de reptiles en cautiverio”, agregó.

“Este lugar tiene un encare didáctico. No hacemos esto para lucrar, porque es imposible competir con la informalidad”, explicó el criador.

El financiamiento de Aqvaterra ha surgido de eventos pintorescos, como por ejemplo el show de una odalisca árabe en el Hotel Conrad de Punta del Este, que alquiló una boa, o como en el caso de un boliche de La Barra, que durante el verano ofrecía una enorme pitón en una de sus barras. Además, exportan algunas especies de peces autóctonos (castañetas, viejas del agua, mojarras) a acuaristas europeos.

Los Andes en Colonia. Algún distraído puede confundirse y pensar que está en la cordillera. Transitando por los campos de Colonia puede toparse, detrás del alambrado, con llamas y alpacas. Ricardo Musselli es el dueño del establecimiento Yúbely, a pocos kilómetros de la residencia de Anchorena, donde hay más de 50 llamas.

Estos animales han sido importados desde el norte argentino y su grado de adaptación ha sido satisfactorio. Las llamas son muy útiles para el cuidado de las majadas, ya que espantan a muchos de los depredadores, por ejemplo los zorros, los jabalíes o los perros.

Musselli es el único importador legal de esta especie y asegura que los índices de mortandad en las majadas disminuye notoriamente con el uso de estos camélidos.

Diario Observador

 


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