Los
animales de los circos
Cuando uno piensa en los
circos imagina un ambiente cordial, festivo y agradable lleno
de niños y no tan niños. Es por eso que uno
lleva a sus hijos a divertirse, a entretenerse. Ve malabaristas,
equilibristas, músicos, bailarines, payasos y acróbatas,
profesionales dedicados a un verdadero arte. Sin embargo,
esta imagen se desdibuja por la presencia antinatural de los
animales. Los circos le enseñan a nuestros hijos desde
pequeños precisamente la peor actitud posible hacia
los animales, despojando a unas magnificas criaturas de su
dignidad a base de forzarlas a realizar trucos estúpidos
y dolorosos, los cuales terminan de ser aceptados por nuestros
hijos como naturales. Y esto tiene que cambiar. Nuestro propósito
no es, de ninguna manera, demonizar a los circos. Creemos
que la actividad circense es honrada y de rica tradición,
pero tambien tienen que evolucionar.

Muchas personas entienden que los circos con animales son
una tradición, y por ello debemos preservarla. No creemos
que esto sea así ya que una tradición es entendida
como una transmisión de costumbres, creaciones artísticas
hechas de generación en generación y la costumbre
es un hábito adquirido por la repetición de
ciertos actos. Creemos que nadie puede justificar la obligación
de mantener inmutable una institución tan digna y honrada
como los circos sin evolucionar hacia formas más modernas
porque la tradición basada en simple repetición
de actos lo diga. Si fuese así podríamos decir
que la historia avalaría a las luchas de gallos, peleas
de monos, los circos romanos en donde luchaban hombres por
su vida contra bestias feroces, o incluso las guerras de agresión
o los genocidios ya que en la historia se han repetido sucesivamente.
Todas estas aberrantes “tradiciones” o “costumbres”
fueron abolidas por el hombre, o al menos prohibidas, ya que
nadie podía justificar su existencia. Esto mismo pasa
con los circos, son grandes y respetables instituciones pero
que deben progresar para el bien común.
Los niños
Cuando un niño llega
al circo y se encuentra con los animales pocas veces se pregunta
cómo llegaron al circo, en qué condiciones descansan,
como son entrenados, cuál es su destino después
de la función, etc. Todas preguntas que son importantes
a la hora de conocer una realidad que choca con los mitos
generalizados de la bondad de los circos en el trato con los
animales.
Los animales
En primer lugar tendríamos
que recordar que a la mayoría de los animales se los
ha secuestrado de su medio natural. Es de destacar que después
del tráfico de drogas y de armas, el de la fauna es
el tercer tráfico ilegal en el mundo por el volumen
de dinero que maneja. Los animales pueden tener los papeles
en regla, pero en la mayoría de los casos viendo que
no son requeridos por ningún organismo gubernamental,
los mismos se encuentran en la total ilegalidad. Lo cual termina
traducido en una falta de control y, por lo tanto, de cuidado
de los mismos.
Entrenamiento
Al mismo tiempo cuando nuestros
hijos están dentro del circo y se asombran con las
piruetas que hacen los animales no se preguntan si también
las realizan en su estado natural. La respuesta es: no. En
la naturaleza los osos no andan en bicicletas, los tigres
no saltan dentro de aros de fuego y los elefantes no caminan
en dos patas. Todo esto es producto de un entrenamiento forzoso
y cruel que vulnera sus patrones naturales de conducta y es
un triste recuerdo de épocas de barbarie que nos deberían
avergonzar profundamente.

Para realizar sus actuaciones
los animales son forzados contra su voluntad a adoptar comportamientos
anormales y artificiales mediante métodos más
violentos cuanto más violento sea el animal y cuyo
propósito es el del dominio absoluto del animal transformándolo
en un simple títere dentro del circo. Para llegar a
su cometido los entrenadores utilizan barras de hierro, látigos
y pinchos con tal de hacerse obedecer. Incluso son utilizados
en algunos casos de forma invisible en las mismas funciones.
Esto se puede apreciar claramente cuando el animal ante la
simple visión de un látigo lo asocia con las
palizas en su cuerpo e incluso su cabeza durante el entrenamiento,
de tal forma que “mágicamente” hacen lo
que el entrenador espera. Y si, pese a todo lo anterior, el
animal no responde se apela al último y más
cruel de los métodos, el hambre. Se les deja de proveer
el alimento necesario para su subsistencia con el fin de que
respondan. De esta manera tomamos conciencia que un oso subido
a una bicicleta no es un hecho natural ni divertido para él
sino producto de la mayor crueldad humana y el miedo acumulado.
Accidentes
Los animales circenses por
el maltrato y el tipo de vida que llevan, totalmente ajeno
a su naturaleza, muchas veces pierden el control de sus acciones
y reaccionan violentamente. Es por esta razón que,
aunque muchos lo nieguen, los accidentes son algo común
en esta verdadera tortura animal. Sólo tomando el período
de 1990 a 1999, han muerto en el mundo 47 personas producto
de las reacciones de los animales y cientos han sido heridas.
En la Argentina tenemos varios antecedentes como el de San
Pedro, Provincia de Buenos Aires, en el que dos leones consiguieron
escapar e hirieron y mataron a seres humanos. El último
accidente ocurrió el 21 de Abril del 2004 en Laferrere
en donde un tigre se escapó de su jaula en el Circo
Rumano matando a quien limpiaba la pista principal. Sin embargo
no es el único en el mundo. Por solo ejemplificar lo
que el maltrato puede provocar, un tigre en estado de nerviosismo
puede salirse del estrado y matar a un niño de 6 años
de la audiencia, como sucedió el 3 de Septiembre de
1994 en Nueva Delhi. Este es un perfecto ejemplo de que aquel
intento del padre de pasar un momento de diversión
con sus hijos puede transformarse en una tragedia por aquellas
cuestiones que el público en general desconoce.
Confinamiento
Sin embargo, la tortura
para los animales no ha terminado con lo dicho hasta acá.
Tambien hay que recordar que los animales antes de pertenecer
al circo vivían en medio de la naturaleza y en este
momento se encuentran en constante estado nómada, atados
con cadenas a sus pequeñas jaulas. Son trasladados
de ciudad en ciudad en cubículos que no permiten su
relajo ni descanso y en donde la higiene no es el común
denominador. Están confinados a vivir en la monotonía
de los largos viajes en donde es común que escasee
el agua y los alimentos. Éstos últimos muchas
veces son reemplazados por los gatos y perros que los empleados
circenses capturan en las calles de la ciudad a la que arribaron
y son arrojados vivos a las jaulas para que los hambrientos
viajantes se “alimenten”. Pero esto no es todo,
lo peor llega en las temporadas bajas en donde los animales
se encuentran durante meses atados a sus jaulas. Y en este
contexto tambien reaccionan. Así han ocurrido casos
de automutilación de los dedos de las manos en los
monos, golpes constantes de cabeza, o el balanceo de un lado
al otro como hacen los elefantes (movimientos estereotipados).
En fin, todos signos claros de lo antinatural de la situación
en la que el hombre lo ha subsumido.
Abandono por muerte
Finalmente, habría
que tomar conciencia que la mayoría de los animales,
producto del maltrato, mueren dentro de los circos. Aunque
también no es menos cierto que el tráfico de
animales hacen que sean vendidos para experimentos médicos
no autorizados o, en el peor de los casos pero no por eso
poco frecuente, son abandonados en la ciudad antes de partir.
Cualquiera podría imaginar lo que podría llegar
a pasar si un tigre hambriento y maltratado es abandonado
en el puerto de nuestra ciudad. Podría llegar a ser
una catástrofe de dimensiones impredecibles.

Es por todas estas razones,
y las que se desarrollan a continuación, que creemos
que es una buena oportunidad para que la Ciudad Autónoma
de Buenos Aires pase a ser una Ciudad libre de circos con
animales. Depende de Ud. y sus colegas Diputados que la protección
de los animales se haga una realidad.
MARCO REGULATORIO
La legislación que
regula la materia tiene al menos tres niveles de disposiciones
que rigen la actividad circense. En el nivel internacional
nos encontramos con la Declaración Universal de los
Derechos del Animal. En el nivel nacional nos tenemos los
distintos artículos de la Constitución Nacional
en materia de protección del medio ambiente y la Ley
de Protección Animal. Finalmente en el nivel de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires nos encontramos con
su Constitución y las distintas ordenanzas.

En el primer nivel tenemos que recordar que la Declaración
Universal de los Derechos del Animal fue aprobada en 1978
en la sede de la UNESCO y establece firmemente en su Artículo
10 que “ningún animal debe ser explotado para
esparcimiento del hombre” y que “las exhibiciones
de animales y los espectáculos que se sirven de animales
son incompatibles con la dignidad del animal”. También
establece en su Artículo 2 que “todo animal tiene
derecho al respeto” lo que es complementado con el Artículo
3 y 4. El primero de ellos dice que “ningún animal
será sometido a malos tratos ni a actos crueles”
mientras que el segundo dice que “todo animal perteneciente
a una especie salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio
ambiente natural...” y “toda privación
de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos es
contraria a este derecho”.
En el segundo nivel, la
Constitución Nacional en su artículo 41 establece
que las provincias dictaran las normas complementarias de
las nacionales para preservar el medio ambiente. Esto distribuye
las competencias federales entre la nación y las provincias
(y la Ciudad de Buenos Aires). La Constitución Nacional
se complementará con la Ley Nacional de Protección
Animal o Ley Penal número 14.346 (1954) en donde se
disponen cuales son los diferentes casos de actos de crueldad
y maltrato a los animales. En su inciso 8 del artículo
3 nos encontramos con un importante antecedente en tanto que
cataloga como un acto de crueldad la realización de
actos públicos o privados de riñas de animales
y parodias en que se mate, hiera u hostilice a los animales.

Ya en el último nivel,
y el más importante a nuestros fines, la Constitución
de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en su artículo
27 establece que instrumentará un proceso de ordenamiento
territorial y ambiental para la protección de la fauna
urbana y el respeto por su vida, en donde también firmemente
se dispone que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires controla
su salubridad, evita la crueldad y controla su reproducción
por métodos éticos. Éstos son los postulados
que queremos ver fortalecidos mediante el proyecto que proponemos.
Vacío regulatorio
Sin embargo lo más
alarmante en este nivel es la falta de reglamentación
para instalar un circo (ver aparte) y la pobre regulación
en lo que hace a la protección animal. En este último
punto tenemos que resaltar que las obligaciones que tienen
los circos cuando poseen animales son escasas. Los espectáculos
circenses deberán construir para los animales “pesebres
en condiciones higiénicas” , y cuando sean feroces
se deberán “adoptar todas las medidas de precaución
que indique la inspección municipal para prevenir accidentes”
. A simple vista nos damos cuenta que estas medidas distan
bastante de lo establecido en la Constitución de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Entendemos que la
Constitución fue dictada después de la regulación
en esta materia y es por esta causa que creemos importante
derogar los artículos 150 y 151 de la ordenanza y complementar
la Constitución con nuevas medidas como la propuesta
en nuestro proyecto de Ley.

Una vez analizados los tres
niveles anteriores nos damos cuenta la necesidad de que un
proyecto tan revolucionario como el propuesto sea aprobado
por la Legislatura para que de esta manera comencemos a proteger
firmemente los derechos de los animales y posicionar así
a la Ciudad de Buenos Aires entre las ciudades pioneras en
el mundo en esta materia.
ANTECEDENTES NACIONALES
E INTERNACIONALES
Los antecedentes que tenemos
sobre los circos sin animales son básicamente de dos
tipos. En primer lugar tenemos los distintos países
o municipios dentro de ellos que prohibieron los animales
en los circos. En segundo lugar, y complementando el primer
punto, nos encontramos con los circos que no tienen animales
en sus actos, lo cual hace posible su visita a ciudades que
los han prohibido.
En el mundo
Dentro de los países
que han prohibido a los animales en los circos encontramos
a Finlandia, Costa Rica, India, Suecia e Israel. Sin embargo,
normalmente por su forma de estado los distintos países
tienen facultados a sus provincias o municipios para la legislación
de este tipo de materias. En este caso encontramos una multiplicidad
de países. Entre ellos encontramos que en Australia
11 de sus distintos niveles de estado prohíben los
circos con animales, en Brasil hay 9 de sus estados que ya
los prohibieron así como en 31 de los distintos niveles
de estado en Canadá, 3 en Grecia y Bogotá en
Colombia. A su vez en Estados Unidos dentro de los estados
de California, Colorado, Connecticut, Florida, Maryland, Massachussets,
Missouri, New York y Washington hay pueblos y ciudades con
disposiciones que prohíben los circos con animales.
En Argentina
Finalmente, y con mucha
alegría para nosotros, tenemos que decir que en Almirante
Brown, Provincia de Buenos Aires y en Arroyo Seco, Provincia
de Santa Fe, se han prohibido los animales en los circos y
en Concordia, Provincia de Entre Ríos, hay un proyecto
presentado para legislar en el mismo sentido.
Mediante este proyecto la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires se sumará a
esta lista de países y ciudades en donde los animales
están a salvo de los distintos maltratos que se le
realizan a los animales para que realicen los distintos actos
en público.
Pero esta lista no se encuentra
solitaria en el mundo, ya que a medida que esta corriente
de concientización fue haciendo de las distintas ciudades
mencionadas a lo largo del globo un lugar libre de animales
en los circos, éstos se fueron reconvirtiendo para
poder seguir trabajando y realizando sus fabulosos actos demostrando
que la presencia de animales no es necesaria para seguir divirtiéndonos.
Circos sin animales en el mundo
Así nos encontramos
con una larga lista. Mencionaremos solo algunos: Circo de
la familia Cirkus, Circo Italiano, Circo Millennia, Circo
de los Niños, Circo du Soleil, Circo Floize, Circo
Fos, Circo Plume, Circo Cloud Seeding, Circo Fern Street,
Circo Flying Fruti Fly, Circo Flying High, Circo Gregangelo
& Felocity Trouppe, Circo Hiccup, Circo Imperial de China,
Circo Lazer Vaudeville, Circo Les Colporteurs, Circo “Haga
un Circo”, Circo Internacional de México, Circo
Neil Goldbergos, Circo New Picle, Nuevo Circo de Shanghai,
Circo Ruso-Americano para los niños y el Circo Teatro
Swamp.
De esta manera vemos como
no es solo una corriente de un sentido, sino que se retroalimenta.
En la medida que las distintas ciudades del mundo prohíben
los circos, éstos últimos eliminan de sus actos
a los animales. Es así que la protección de
los animales se ve favorecida por las medidas que toman los
distintos países. La Ciudad de Buenos Aires, tan innovadora
como se la conoce en el mundo entero, puede sumarse a esta
corriente mundial que busca eliminar las crueldades por las
que los animales tienen que pasar para tener una “buena
performance” en el circo.
INSTALACIÓN DE UN
CIRCO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
“Viva la pepa”
En nuestra investigación
sobre el emplazamiento de los circos en la Ciudad de Buenos
Aires nos topamos con una desagradable noticia al tomar conocimiento
de la falta de reglamentación. Esto hace que la concesión
de los permisos termine quedando en manos de los funcionarios
del Gobierno de la Ciudad, que al no tener dicho reglamento
tienen que aprobar el emplazamiento de circos cuyos animales
no están en las condiciones que deberían.
El procedimiento para emplazar
un circo en primer lugar no distingue un circo con o sin animales,
y lo que es peor, asimila un circo a un teatro ya que la regulación
lo trata bajo esa figura jurídica. Es de sentido común
que un circo lejos está de asimilarse a un teatro,
y menos si posee (lamentablemente) animales. Esto provoca
que el vacío reglamentario (salvo por algunas disposiciones
puntuales pero no sustanciales) sumado a la asimilación
a un teatro no se dirija a proteger a las especies animales
sino a proteger al público de ellas. Una situación
lamentable para un momento en donde la conciencia mundial
dicta que lo más saludable es proteger a los animales
para que no se alteren sus condiciones naturales de vida y
así se disminuyan las probabilidades de un accidente.
A su vez, para poder emplazarlo
deben solicitar una Consulta de Emplazamiento a la Dirección
General de Planeamiento Urbano, la cual va a emitir un “permiso
precario” por el plazo de 90 días, y lamentablemente
esto se hace cuando el circo ya se encuentra in situ funcionando
o a punto de funcionar. Al no estar reglamentado las únicas
disposiciones que deben seguir no hacen a lugar a la protección
animal sino únicamente a la protección de los
hombres frente a los animal, un criterio un tanto obtuso.
Por último tenemos
que recordar que los circos procedentes del exterior no deben
pedir en Cancillería ningún tipo de permiso
para traer animales. Esto es dejado en manos de los organismos
competentes (el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).
De esta manera vemos que
la desprotección de los animales tampoco distingue
fronteras. Sea un circo nacional o uno extranjero, los animales
se encontrarán desprotegidos de todas maneras.
ASPECTOS ECONÓMICOS
Más fuentes de trabajo
Si bien este no es un punto
que nos simpatiza por lo que mezclar derechos con dinero significa,
es importante desarrollarlo con el fin de dar por demolida
la teoría de que la una Ciudad libre de animales crearía
más desocupación o suprimiría puestos
de trabajo. Nada más alejado de la realidad.
En primer lugar tenemos
que puntualizar que en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires un circo con animales no paga más impuestos ni
tasas que un circo que no los tiene. Por lo tanto, la prohibición
no restaría recursos para la ciudad. Aunque tampoco
es una buena medida que un animal solo sea protegido por la
aplicación de gravámenes a los circos.
En segundo lugar, en un
circo con animales la función se desarrolla alrededor
de ellos, lo cual lleva a poner a los verdaderos artistas
en un segundo plano. Esto no se puede comparar con un circo
sin animales en donde el entretenimiento lo proveen los artistas,
y su número normalmente es abrumador si es comparado
con el de los circos con animales. Por lo tanto, aquél
circo libre de animales está creando más empleo,
pagando más impuestos y generando medios de vida para
más cantidad de personas que un circo que posee animales
en sus “espectáculos”.
Finalmente, desde el punto
de vista exterior, un circo con animales que arriba a la Ciudad
tampoco paga adicionales por los animales. Para traer un circo
simplemente es necesario obtener en la oficina consular correspondiente
la visa para realizar actividades artísticas por 15
días para cada uno de sus integrantes, por el costo
de 40 dólares. Si planean permanecer por más
tiempo, deben obtener permiso de ingreso en la Dirección
Nacional de Migraciones, a un costo de 200 pesos por persona.
A lo que debería sumársele el costo de la confección
de la cartera migratoria, que es de 50 dólares por
persona y se realiza en la oficina consular correspondiente.
De esta manera es claro que un circo con más integrantes
y sin animales es más conveniente en parámetros
económicos para la Argentina.
Es por estas tres razones
que la teoría de que prohibir los animales en los circos
crea desempleo y suprime recursos para el estado, se ve completamente
desacreditada. Por lo tanto, vemos que hasta desde el punto
de vista económico una Ciudad libre de circos con animales
es más conveniente.


Fuente: http://www.fabaonline.com
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