Antecedentes
Tras siete años de especulaciones, la relación
de la vacunación de gatos con la aparición de
sarcomas en el punto de inyección sigue presentando
aspectos controvertidos. Aunque se ha relacionado la vacunación
en gatos con distintos tipos de sarcomas (fibrosarcomas, rabdomiosarcoma,
condrosarcomas, histiocitomas fibrosos malignos y osteosarcomas),
desde un inicio se ha venido hablando en general de fibrosarcomas.
La evolución de esta historia podría resumirse
así:
En 1991, Hendrick y Goldschmidt, de la Universidad de Pensilvania,
envían una carta titulada Do injection site reactions
induce fibrosarcomas in cats al Journal of the American Veterinary
Medical Association (JAVMA, 199, 968), en la que relatan que
en los últimos años han observado un incremento
del número de fibrosarcomas en puntos de la piel usualmente
utilizados para la vacunación de gatos (espacio interescapular,
área dorsal del cuello, etc), coincidiendo este hecho
con la entrada en vigor, en ese Estado, de la obligatoriedad
de la vacunación antirrábica en gatos, hecho
que se produce en 1987.
En 1993, Kass y col., de la Universidad de Davis (California),
publican en la misma revista (JAVMA, 203, 396- 405) los resultados
de una encuesta realizada sobre 345 fibrosarcomas felinos.
La encuesta destaca que un gato vacunado frente a la leucemia
felina tiene un riesgo entre 2,8 y 5,5 veces superior de sufrir
un fibrosarcoma que un gato no vacunado. En el caso de la
vacunación antirrábica el riesgo es 1,83 a 2,09
veces mayor.
Casi simultáneamente, en 1994, Hendrick y col. (JAVMA,
205, 1425-1429) publican los resultados de otra encuesta con
239 fibrosarcomas felinos. Según la encuesta existe
una relación entre los fibrosarcomas en los puntos
de inyección y la vacunación frente a la leucemia
felina (un riesgo 2,92 veces mayor respecto de los gatos no
vacunados), pero no con la vacunación contra la rabia.
Antes de continuar, es importante destacar que en ningún
caso se ha relacionado la aparición de fibrosarcomas
con la vacuna de un fabricante en particular.
Estado actual
La prevalencia anual del fibrosarcoma inducido por la vacunación
es de todas formas baja, estimándose actualmente entre
1 y 4 por cada 10.000 felinos vacunados, aunque algunos autores
la suben hasta 10 por 10.000. En 1993, Esplin y col. (JAVMA,
202, 1245-1246) la cifran entre un 1 y 2 por 10.000 gatos
vacunados, mientras que en la encuesta de Kass y col. se calcula
que 2 de cada 10.000 gatos vistos en consulta presentan fibrosarcomas,
aunque sólo un 25% de los mismos tendría un
origen vacunal; no debemos olvidar que no todos los fibrosarcomas
cutáneos felinos tienen un origen vacunal, ni siquiera
aquéllos ubicados en lugares usualmente utilizados
para inyectar la vacuna. Sin embargo, recientemente Coyne
y col. (1997) estiman entre 2,7 y 3,6 por 10.000 gatos la
prevalencia del fibrosarcoma en puntos de inyección,
en base a una encuesta realizada en 1992 entre los miembros
de la American Association of Feline Practitioners.
Etiopatogenia
Poco se sabe sobre cuál puede ser el factor inductor
del tumor. Se ha propuesto al aluminio (que actúa como
adyuvante en algunas vacunas), debido a que se ha encontrado
este elemento en el interior de macrófagos en algunos
de los fibrosarcomas, aunque actualmente también parece
clara la relación de fibrosarcomas con vacunas sin
adyuvantes. De todas formas, se sabe que los felinos están
más predispuestos a desarrollar tumores en los sitios
de inyección que otras especies animales, y así
se ha observado la aparición de sarcomas en puntos
de inyección de antibióticos y de corticoides.
Respecto a otros puntos de interés, no se ha encontrado
un mayor riesgo en el uso de vacunas polivalentes, respecto
de las univalentes. Sin embargo, en la encuesta de Kass y
col. se observa un incremento de la frecuencia según
aumenta el número de vacunaciones recibidas en un mismo
punto, aspecto no refrendado en la encuesta de Hendrick y
col.
Cuadro lesional
En gatos se definen, microscópicamente, al menos tres
lesiones cutáneas observadas en los lugares de vacunación:
la paniculitis nodulosa, los fibrosarcomas, y la paniculitis
con fibrodisplasia (lesión preneoplásica de
transición entre las dos anteriores). En algunas ocasiones,
en las tres semanas siguientes a la vacunación, se
desarrolla la primera de las lesiones, inflamatoria, en el
área de inyección, la cual suele desaparecer
en 1-3 meses; la lesión se caracteriza por un nódulo
subcutáneo blando que aparece al poco tiempo en el
sitio de la vacunación, y que puede estar o no adherida
a la piel; la piel que recubre el nódulo generalmente
es normal aunque puede estar alopécica y presentar
costras. Si la lesión persiste en el tiempo, a veces
se transforma en un fibrosarcoma; el tumor aparece generalmente
durante el primer año tras la vacunación, aunque
se han citado casos hasta de tres años y medio.
El fibrosarcoma inducido por la vacunación tiene unas
características peculiares:
* Las metástasis
son infrecuentes, localizándose en su caso principalmente
en pulmones aunque también pueden encontrarse por ejemplo
a nivel hepático.
* Sin embargo, las recidivas son muy frecuentes: 86% a los
seis meses de la resección quirúrgica; además
en un 22% de los casos las recidivas son múltiples,
entre 2 y 4 veces.
* Finalmente, es un tumor agresivo, de rápido crecimiento
y altamente invasivo.
Tratamiento
El hecho de las frecuentes recidivas aconseja que la resección
del tumor asegure amplios márgenes, ya que microscópicamente
se extiende mucho más allá de la masa palpable.
Para mejorar el índice de éxitos LaRue y Kitchell
(1997) recomiendan administrar radioterapia antes de la resección
quirúrgica; además cuando, tras la resección,
el estudio histopatológico revela que los márgenes
de la misma pueden ser insuficientes, se administran nuevas
dosis de radioterapia. Incluso, para prevenir la aparición
de metástasis, estos autores recomiendan la administración
simultánea de quimioterapia.
Implicaciones y actuaciones futuras
No cabe duda que el riesgo de que un animal no vacunado adquiera
la leucemia felina es muy superior al que tiene un gato vacunado
de sufrir de un fibrosarcoma en el punto de la inyección,
por lo que si bien es necesario conocer la existencia de una
relación entre la aparición del tumor en el
lugar de vacunación y la aplicación de la vacuna,
no existe ninguna duda sobre el hecho de que se debe seguir
vacunando a los gatos cuando sea necesario.
El establecimiento de la relación vacunación-fibrosarcoma
ha hecho que se propongan una serie de medidas encaminadas
a conocer realmente qué relación existe y, a
la vez, disminuir la incidencia de este tumor (tabla). Para
ello se ha creado en EE.UU. la Vaccine-Associated Feline Sarcoma
Task Force, coalición de organizaciones veterinarias
que pretende definir la causa exacta, la verdadera importancia
del problema, y el tratamiento más efectivo; estos
objetivos tardarán al menos un lustro en ser conseguidos.
Finalmente, aunque sería deseable
realizar un estudio de prospección para establecer
qué relación existe, en la práctica no
es posible, ya que por ejemplo sólo en EE.UU. existen
71 vacunas autorizadas para felinos; según esto, se
tendrían que vacunar 71.000 gatos (1.000 por vacuna)
y esperar alrededor de tres años para ver si un solo
gato (por tipo de vacuna) presenta el fibrosarcoma.
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