1.
Si el perro está en
un lugar peligroso hay que trasladarlo, esté consciente
o no. Primero comprobaremos las lesiones evidentes, como hemorragias
o miembros rotos. Alguien deberá vigilar el tráfico
mientras administramos primeros auxilios del animal, para
estabilizar su estado.

2.
Si contamos con otra persona para que nos
ayude, sujetamos el cuerpo del perro y lo colocamos sobre
una manta o un abrigo. Si estamos solos, lo que se hace es
colocar la manta a lo largo del costado del animal y, agarrando
firmemente la piel sobre el cuello y la cadera, arrastrarlo
dentro de la manta. A continuación retiramos al perro
de la zona de peligro, tirando de la manta. No hay que tocarle
las heridas.

3.
Un perro implicado en un accidente
de tráfico puede sufrir lesiones internas, precisando
atención inmediata de un veterinario. No hay que mover
al perro más de lo necesario. Empleando la manta a
guisa de camilla, se transporta el animal a un vehículo
y se lleva al veterinario tan rápido como sea posible.
Su cuello tiene que ir estirado, para que pueda respirar sin
dificultad.

4.
Si se ve a simple vista que el perro sufre
fuertes dolores es mejor colocarle una mordaza improvisada
antes de intentar moverle. Para ello, le atamos un pañuelo
o una cuerda alrededor del hocico, haciendo un nudo debajo
de las mandíbulas y otro detrás del cuello.

5.
Aunque aparentemente el perro esté
normal, puede haber resultado dañado algún órgano
interno, por lo que, una vez retirado de la zona de peligro,
habrá que examinarlo concienzudamente. Un perro involucrado
en cualquier accidente de tráfico debería ser
llevado al veterinario tan pronto como sea posible, para ser
reconocido.

6.
Se palpan con suavidad las patas, por si
hubiera algún hueso roto o dislocado. Si sospechamos
la existencia de una fractura, el miembro afectado se debería
mover lo menos posible. Un perro con lesiones en la columna
se debe trasladar sobre una tabla plana.

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