
En caso de accidente,
aunque sea grave, podemos reducir el dolor y la angustia
del gato, e incluso llegar a salvar su vida, con una actuación
rápida adecuada. Los traumatismos por accidente de
tráfico, caídas o peleas entre gatos, las
heridas por mordeduras o picaduras de insecto, las intoxicaciones
las laceraciones, la asfixia, el golpe de calor, la hipotermia
y los problemas del parto, toda agresión a la salud
del animal precisa la intervención del veterinario.
Pero con la prestación inmediata de primeros auxilios
podemos prevenir daños, restaurar las funciones vitales,
reducir las molestias y estabilizar la situación
del gato hasta que pueda recibir asistencia veterinaria.
Aunque nunca tengamos que hacer uso de estos conocimientos,
es mejor estar preparados por si se presentara una emergencia.